¡De Júbilo a Desesperación! La Gran Depresión de 1929

Después de que se pusieron a disposición 2.000 puestos de trabajo para mejoras y reparaciones del parque, alrededor de 5.000 personas desempleadas se reúnen frente al Ayuntamiento de Cleveland, Ohio, el 9 de octubre de 1930, durante la Gran Depresión. Wikimedia commons.

Bienvenidos a un viaje por el túnel del tiempo hacia los rugientes años 20, una época de jazz, flappers y una prosperidad económica que parecía no tener fin. Pero espera, ¿qué es ese sonido de agrietamiento? ¡Oh sí, es solo la economía colapsando como un castillo de naipes! Así es, amigos, nos adentramos en la Gran Depresión de 1929, el momento en que la fiesta económica se convirtió en una resaca monumental.

La década de 1920 había sido testigo de un auge económico sin precedentes en Estados Unidos, con un crecimiento industrial, avances tecnológicos y un fervor especulativo en el mercado de valores. Sin embargo, la euforia llegó a un abrupto final con el desplome del mercado de valores en octubre de 1929, marcando el inicio de la Gran Depresión.

 Esta década fue testigo de una especulación desmedida en el mercado de valores, donde la gente compraba acciones con la esperanza de venderlas rápidamente a un precio más alto.

la gente se pavoneaba con trajes elegantes, flirteaba con el charlestón y, por supuesto, invertía en el mercado de valores como si fueran maestros de las finanzas. ¡Era la edad dorada del «todo es posible»! Hasta que, de repente, ¡boom! El mercado de valores se desplomó como un soufflé mal horneado.

El 29 de octubre de 1929, más conocido como el «Martes Negro», fue como el lunes después de un fin de semana épico. El mercado de valores de Wall Street cayó más rápido que un mal chiste, y la gente que había estado nadando en riqueza ahora se ahogaba en deudas.

Imagina esto: pierdes tu trabajo, tu vecino pierde su trabajo, incluso tu perro parece perder interés en la vida. La tasa de desempleo se disparó más rápido que las noticias falsas en las redes sociales.

En lugar de lucir esos elegantes vestidos y trajes de lino, la gente empezó a abrazar la moda de «vestir pobre». Los agujeros en los zapatos se volvieron tan populares como los automóviles de lujo alguna vez lo fueron.

Cansados de la melancolía generalizada, entró en escena Franklin D. Roosevelt con su New Deal, una especie de espectáculo de magia gubernamental destinado a hacer que la economía volviera a la pista de baile. Programas como el Works Progress Administration (WPA) y el Social Security se convirtieron en las estrellas del espectáculo.

En medio de la penumbra, surgen héroes inusuales. La sopa de guisantes y los cupones de alimentos se vuelven tan valiosos como el oro, y las «Hoovervilles» (asentamientos de desempleados llamados así por el presidente Hoover) se convierten en comunidades de resistencia improvisadas.

La Gran Depresión nos dejó con cicatrices, pero también con lecciones aprendidas. Se puso de manifiesto la necesidad de regular los excesos económicos y asegurarnos de que la fiesta sea más inclusiva.

Así que aquí termina nuestro viaje a través de la Gran Depresión, un período que nos recordó que, incluso en los momentos más oscuros, la humanidad puede bailar al ritmo de la esperanza y reinventarse. ¡Hasta la próxima, cuando retrocedamos en el tiempo con más historias de la historia!

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